Día 240 - Mateo 4–6 Salmo 46
- Samantha Patschke

- 28 ago 2025
- 2 Min. de lectura
En Mateo 4, Jesús fue llevado al desierto donde ayunó durante cuarenta días. Hambriento y débil, enfrentó la tentación de Satanás, pero cada vez respondió con la Palabra de Dios. Esto nos muestra que cuando nos sentimos presionados o probados, la mejor defensa es conocer y confiar en la Palabra de Dios. Jesús luego comenzó su ministerio, llamando a sus primeros discípulos y enseñando que el reino de los cielos se había acercado. Como aquellos pescadores que lo dejaron todo, se nos recuerda que seguir a Jesús a menudo significa renunciar a nuestra comodidad para vivir con propósito.
En Mateo 5, Jesús enseñó a las multitudes en una ladera, dando lo que ahora llamamos el Sermón del Monte. Explicó quién es verdaderamente bienaventurado, no los poderosos o ricos, sino los humildes, los misericordiosos, los pacificadores y los que tienen hambre de justicia. Les recordó brillar como luz en un mundo oscuro. Sus palabras nos desafían hoy a vivir de manera diferente, no buscando aprobación sino viviendo para los valores del reino de Dios, incluso cuando es difícil.
En Mateo 6, Jesús advirtió contra hacer buenas obras solo para ser vistos por los demás. Enseñó sobre la oración, el ayuno y guardar tesoros en el cielo en lugar de en la tierra. Recordó a la gente que no se preocupara por las necesidades diarias porque Dios cuida de ellos como lo hace con las aves y las flores. Esto nos invita a confiar más profundamente, buscando primero a Dios y dejando que Él provea por nosotros, incluso cuando la vida se sienta incierta.
El Salmo 46 celebra a Dios como nuestro refugio y fortaleza, siempre presente en la angustia. Aunque la tierra tiemble y las aguas bramen, podemos estar quietos y saber que Él es Dios. En momentos de miedo y caos, se nos recuerda detenernos, respirar y confiar en que el poder de Dios es mayor que cualquier cosa a nuestro alrededor.





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